En este blog se ofrecen algunas experiencias personales y con amigos de diferentes viajes, tanto transoceánicos como de un solo día. Y es que para viajar no hay que sacar ningún billete de avión, a veces a 5 kilómetros de tu casa existen terrenos inexplorados que siempre guardarás en el recuerdo.

domingo, 12 de agosto de 2012

Día 31. El día de la marmota en Parapat

Clase de sintaxis. Colegio Cristiano de Samosir, Sumatra
Con este título ya se da una idea de lo que ha sido la jornada sobre la que me escribo. Se podría decir que nos ha mirado un tuerto o incluso un ciego, pero no voy a poner la responsabilidad de la larga serie de catastróficas desdichas que hemos padecido en ningún invidente, sino en nuestra ingenuidad, especialmente la mía, dejándome embaucar después de un mes conociendo como te las meten cuando te despistas.

Tripulación del ferry Parapat-Tuk Tuk
Del mismo modo que no puedes entrar en mercadona con el estómago vacío para hacer la compra semanal, tampoco puedes tomar decisiones acuciado por el cansancio. Para la
mejor organización de tu agenda de actividades has de llegar a destino antes de caer el sol. De otro modo te dejas llevar por los impulsos y sucumbes a la primera oferta tentadora del comisionista de turno.
Puerto de Tuk Tuk, Isla de Samosir
Familia malayohindú. Pasajeros del ferry
Anoche, al llegar a Parapat, a las 11 de la noche, el taxista nos descargó directamente en una agencia de viajes, Wisata Planet. Allí nos recibió el dueño, que empezó a ofrecernos unas excursiones que a priori pintaban muy bien. 
Al final contratamos un tour por la isla de Samosir, el pedazo de tierra bañado por el lago Toba. Las expectativas eran altas, como ayer relataba. Sin embargo, cada vez creo menos en la infalibilidad de la guía Lonely Planet, ya son varias las referencias del libro que me han llevado por el camino equivocado. En cualquier caso, este ya no será más un problema, pues hoy la he perdido. Aún no se dónde. 
Regresando al lago Toba, no quiero eliminar todo el misticismo que se ha creado en torno al lugar con este párrafo, pero lo cierto es que las 230.000 rupias (22 €) que pagamos por la excursión han sido la peor inversión hasta el momento.  No comenzaba mal del todo. Para llegar a la isla tomamos un Ferri bastante pintoresco. En el barco hemos conocido a dos chicas y un chico holandés que venían de Bali, donde habían estado haciendo una especie de prácticas de la carrera -qué sufrimiento, ir a estudiar allí. Al pisar tierra comenzamos a descubrir la verdadera isla de Samosir. Aunque la simplificación será excesiva, pues ha habido alguna foto que podría indicar lo contrario, para que me entiendan los que puedan hacerse una idea del ejemplo, hemos pagado porque nos dieran una vuelta de 25 kilómetros por la carretera de Los Guiraos, o lo que es lo mismo, para los que no conozcan ese paraje, 2 horas por una carretera con unos sembrados cualquiera alrededor interrumpidos de vez en cuando por pueblecitos rebosantes de basura. Pero lo peor ha sido cuando hemos llegado al punto culminante de la excursión, lo que nos habían presentado como el gran momento del día, los Hotsprings, algo así como unas termas naturales emergentes del volcán que no eran otra cosa que una piscina sucia, algo así como la alberca de un campo de cultivo. Eso sí, el agua estaba a 40 grados, algo que me podría haber invitado a entrar de no ser la temperatura exterior casi la misma. No era plan de aumentar mi sofocón.
Un momento magistral
Próximo monoposte publicitario de Koyak
Cualquier escena es buena para montarla en el cole
Nuestra visita desató la locura en el patio del cole
De cualquier modo y mirando siempre la parte positiva, me quedo con un momento mágico que nos ha ofrecido el recorrido. En un momento del tour, el conductor nos ha parado para que viéramos un espectáculo de danza local previo pago. No hemos hecho ni caso, pues ya empezábamos a vislumbrar la sabandijada del paquete contratado, que pretendían sacarnos rupias por doquier, y nos lanzamos en la dirección opuesta, donde nos ha llamado la atención el patio del colegio de enfrente que se encontraba en pleno recreo. Allí ha habido una sesión fotográfica con los chavales e incluso he cogido la tiza que aún no sé cuándo volveré a tocar para explicarles en su propia pizarra dónde estaba España. Esa ha sido la única sensación positiva de la aciaga jornada de hoy que aún estoy por concluir. 
Hartos de dar bandazos por la isla de las parcelas migadas, como dice Chicho, pues hay mucha basura y fuegos en los que queman todo lo que no les sirve, decidimos dar por concluida la feria en que se estaba convirtiendo el viaje.
Barco de vuelta y de nuevo a Parapat.

Aún eran las 14.30 y podíamos aprovechar para adelantar nuestro bus a Bukkitinggi, de las 9 a las 5. Pero a partir de entonces ha comenzado nuestro día de la marmota. Primero no podíamos contactar con nuestro agente de viajes. Luego nos dice que intentará cambiarlo. Más tarde le pasa el aviso a las hijas de que nos digan que es imposible. 
¡Qué raros los nuevos profesores! deben pensar
Ante nuestra insistencia por sentirnos estafados con la excursión ha mandado a su hermano. Éste, que era igual pero sin pelo, nos dice que el autobús de las 5 se ha roto. Como no nos lo creemos demasiado, seguimos insistiendo en el cambio para no perder más tiempo en este agujero donde todo el mundo ya nos señala al pasar una y otra vez, de arriba a abajo por la única calle, como uno de esas persecuciones de Tom y Jerry de decorados en bucle. Ese empeño incomoda de tal modo al hermano pelado del comisionista que sale con una excusa diferente que convierte en aún peor cada una de ellas. 5 minutos después de decir que estaba roto nos comenta que es que va lleno. La indignación y el cabreo nos bullía como agua a 98 grados. 
Al final el tipo del cabello ausente ha terminado por sacarse el muerto de encima diciendo que solo intentaba ayudar a su hermano y se ha largado por peteneras, o mejor dicho por bambolearas, porque justo antes de irse, nos ha reconocido como españoles y ha confesado su amor por los Gipsy Kings.
Media hora más tarde, por fin, el dueño de la agencia no ha podido quitarse de en medio por más tiempo y ha aparecido empapado y quejándose por ello como para que nos apiadásemos de él. Lo mejor es que dice que él no tenia ningún hermano, y que no conocía al señor del que le hablábamos. Esta situación no se si daliniana o wilderiana, pero surrealista sin duda ha continuado por toda la tarde. Nosotros queriendo salir de Parapat tan urgentemente que al final hemos sacado un vuelo para mañana y renunciado al billete ya pagado a Bukkitinggi con el fin de evitar situaciones similares en los más de 1000 km que nos faltan para llegar a Krui y comenzar a saborear el salado sabor de los rompientes coralinos.
Alfonso en las ruinas de Hutasiallacan
Lo cierto es que lo que cuento más arriba es sólo un mínimo resumen, pues la lucha con Jerónimo Rupia ha continuado hasta la noche, pero sirve para apocopar lo que ha sido este día, coronado además por nuestras idas y venidas desde internet hacia la agencia en las que los parapateños sentados al fresco cada vez que pasábamos nos hacían la misma pregunta, probablemente burlona pero a veces absurda de A dónde vais? Pues el colmo ha sido cuando ya al final de la noche hablábamos tranquilamente sentados en un bar con el señor que parece ser mañana nos sacará del día de la marmota en su coche y un tipo con gorrito musulmán y pinta extraña nos ha hecho de nuevo esa pregunta: A dónde váis? Yo le he respondido, simplemente estamos sentados, donde crees que vamos a ir, a hacer una carrera de sillas? 
Apagando la frustración de la jornada de hoy con mi diario me despido hasta la próxima crónica esperando avanzar por fin en este día de la marmota.

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