En este blog se ofrecen algunas experiencias personales y con amigos de diferentes viajes, tanto transoceánicos como de un solo día. Y es que para viajar no hay que sacar ningún billete de avión, a veces a 5 kilómetros de tu casa existen terrenos inexplorados que siempre guardarás en el recuerdo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Dia 23. Confortable Inn

La plaza del reloj. Malaka
Domingo 29 de julio de 2012.
Con una rara sensacion, la de estar a punto de abandonar una ciudad que ha dejado huella en mi corazón, en la que he navegado como velero en aguas calmas por la sencillez de su dia a dia y sin saber si alguna vez regresaré me he levantado de mi habitacion, la numero 7 del Happy Guesthouse. Irónico nombre este para aquellos que como yo se van con tal nostalgia.

Tras aterrizar, dos horas más hasta Malaka, al sur de KL
De todos modos, esa melancolía queda postpuesta, pues tengo que darme prisa para llegar al aeropuerto. Aun asi, la prisa conmigo es una medida muy relativa, más si cabe cuando hay un desayuno de por medio. Asi, con el tuk tuk que había pactado la tarde anterior esperándome en la puerta por casi media hora, tomo la primera comida del día y salimos hacia el aeropuerto de Phnom Penh. Esas saudades sobre las que escribo más arriba tienen de nuevo su espacio en los casi 30 minutos que tardamos en llegar a la terminal de salidas, pensamientos que se unen a las imágenes de la actividad rutinaria de la urbe por unas calles que todavía no había visitado.

A los fundadores europeos
El trámite de embarque es rápido. El punto de partida, el Aeropuerto Internacional de la capital Jemer me causa muy buena impresión, también la aerolinea que me transporta a Kuala Lumpur, de vuelta con mis compañeros de viaje, Malaysian Airlines. El personal amable, el servicio excepcional. De todas maneras, el vuelo es movido, debía de haber turbulencias ahi afuera.

En algo menos de dos horas pongo los pies en un nuevo pais. Al salir del aeropuerto tomo un autobús a la estación central de la capital malaya, donde me encontraria con Nuria y Nacho. Durante el trayecto tengo la oportunidad de hablar con un chico de Kuala, estudiante de ingenieria, de etnia hindú, serio pero enormemente servicial que me explica cómo llegar al lugar de reunión.

Miro a derecha e izquierda cruzo la estación pero no los  veo. Continúo caminando en busca de una wifi con la que confirmar noticias de mis amigos. Concentrado en la información de mi teléfono Nuria me localiza. Una vez juntos, nos pusimos en ruta rapidamente.

Sin parar a ver la ciudad, que ellos ya habian disfrutado y a la que yo debo volver al final del viaje, partimos hacia un nuevo y exótico destino, Malaka, villa de muchas coincidencias con Andalucia, más allá de la similitud fonológica con la capital de la Costa del Sol. Si paseas por sus calles de herencia colonial luso-holandesa y pierdes por un momento la referencia espacial, facilmente puedes creerte en un pueblo andaluz, de rústicas fachadas blancas y ventanas engalanadas con forjados. Curiosa semejanza, pues a pesar de la influencia de los citados pueblos europeos, sus aires son mucho más cercanos a los del sur de España.

Una muestra del legado religioso portugués
Aparte de la belleza de las calles y canales de Malaka, la imagen con la que nos quedamos no es la mejor. Probablemente la culpa no es del lugar, sino del momento. Al llegar allí nos ofrecen n alojamiento con las tres Bes. Nos parece demasiado fácil, desconfiamos. Tomamos el bus para el centro y preguntamos a una chica china (la ciudad es un destino popular entre los tour operadores de alli, algo asi como Benidorm para los británicos) donde bajarnos. Amablemente nos lo indica pero salimos desorientados. Caminamos durante más de 15 minutos en la dirección opuesta, con las mochilas en la espalda. Resultado: agotamiento, desesperacion y malas decisiones. Cansados de andar cogemos un taxi y el tipo nos hace la pirula. Cara de Ringgit, que asi lo bautizamos por lo pirata que es, nos da un par de vueltas en circulo y quiere cobrarnos 20 ringgits (más de 5 euros) por lo que no vale ni una tercera parte. Al final, a regañadientes y con el mosqueo de unos y otro, el taxista se larga con 10 chasqueantes en el bolsillo.
Pero lo peor es que nos deja en la calle con peores hostales. Tras dar una vuelta, todos nos parecen caros y apestosos. Aquella corta y lujosa carrera no habia servido de nada.
La desesperacion aumenta y al final acabamos alojados en uno tan pestilente como los que rechazamos, en el que la recepcionista se quedó con el apodo de La Coneja. La relacion entre la empleada y su apelativo no va mas allá de su aficion por estos simpáticos roedores, pues tenia la sala llena de ellos, lo cual aumentaba aun mas la sensación de encontrarnos en una autentica pocilga de irónico nombre, Comfortable Inn.

Con el penetrante olor a humedad de esta caverna para despistados viajeros aun en la pituitaria me despido de mi cuaderno hasta otro momento.

Marco Polo de Bolsa

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