En este blog se ofrecen algunas experiencias personales y con amigos de diferentes viajes, tanto transoceánicos como de un solo día. Y es que para viajar no hay que sacar ningún billete de avión, a veces a 5 kilómetros de tu casa existen terrenos inexplorados que siempre guardarás en el recuerdo.

domingo, 29 de julio de 2012

Día 22. Un día de transición

El día ha sido muy tranquilo. Nuria y Nacho se han marchado temprano hacia el aeropuerto. Dirección: Kuala Lumpur. Yo me he levantado un poco más tarde que de costumbre, no tenía grandes planes para hoy. Eso sí, el despertar ha sido muy bueno, pues el desayuno estaba incluido en el precio de la habitación y después de muchos alojamientos roñosos de polvo y telarañas, ayer nos dimos un homenaje, hotel con piscinita. Con la relajación de no tener nada que hacer y mi carácter habitual la mañana ha transcurrido parsimoniosa. El chapuzón de primera hora ha servido de contraste con el paseo a pie por la ciudad bajo un sofocante calor húmedo. Lástima no haber invertido el orden. Por la acera y buscando siempre la sombrita he caminado más de media hora haciendo caso omiso a las ofertas de los reiterativos taxistas: Tuk tuk, Sir!!
Museo de Arte Camboyano
Cerca de una de las plazas por las que he pasado había un gran chambao con mucha animación. La curiosidad me invita a acercarme - Gracias curiosidad-. La atracción era un partido de voley en sepia, muy de los 90, pues ese gran techado era el pabellón municipal y el partido de balón volea era muy gracioso,  todavía jugaban con recuperación de saque, a 15 puntos y hacían unos acompañamientos tremendos a la hora de dar el tercer toque. Además he podido comprobar una vez más la polémica que va asociada al deporte, pues en el punto decisivo y tras hacer un mate  de los que acabo de hablar, empujando claramente la bola en lugar de golpearla, la pelota ha botado claramente fuera delante de mis ojos. Sin embargo, tras una larga discusión de casi 5 minutos el punto se ha dado por bueno y han ganado el pierde-sale particular que es como creo que iba aquello.
En recuerdo a la metrópoli francesa
Yo podría haber dado fe de la invalidez del punto, pero tal y como se puso la cosa no tenia gana yo de ser el ojo de halcón, que igual mi ojo terminaba no como el de la rapaz sino más parecido al del potro italiano cuando su cuñado le pasaba la toalla en el rincón de su cuadrilátero. Después de un rato anotando las reglas del deporte de Rafa Pascual en Phnom Penh, me puse en marcha y seguí paseando por aquella zona. Muy cerca estaba el Museo de Arte Camboyano y un gran parque. En esa arboleda había una gran cantidad de monjes budistas, probablemente residentes en un templo que hay instalado en aquel parque. Los chavales, pues eran todos bastante jóvenes, vestían su clásica túnica color azafrán y paseaban por el lugar tomando fotos, qué paradoja, con móviles de última generación. Al pasar a su lado, me solicitaron que me hiciese una foto con ellos y yo hice lo propio. Esa instantánea trajo consigo una amena conversación con el más veterano de ellos, de apenas unos 20-22 años, que se interesó por mi procedencia. Él, Kakvey, es de Kampot, al sur de Camboya y me estuvo contando algunos de los estudios que realizan, entre otros una amplia formación en idiomas, entre los que se incluyen el inglés, tailandés y vietnamita.
Con mi amigo Karvey
Tras despedirme de Kakvey y los demás novicios, seguí paseando por la ciudad y una imagen instalada en el subconsciente cinematográfico de muchos de nosotros atrajo mi atención. Al otro lado de la calle ondeaba una gigantesca bandera con barras y estrellas. Me acerqué a tomar esa foto para el archivo del viaje y rápidamente fui reprendido por un responsable de seguridad de aquel lugar, la Embajada de los EEUU. El tipo, amablemente eso sí, me requirió mi móvil para comprobar si había llegado a adquirir aquella instantánea. Yo le dije que no, pero igualmente no le puse pegas a que comprobase mis últimas fotos y se asegurase que no me llevaba ningún dato crucial para la seguridad de su país.
Serpiente de cáñamo en primer plano con novicios al fondo
Con paso calmo, dada la agresividad con que azotaba el sol y la falta de otra actividad con la que ocupar mi jornada, continúe paseando. Aquella deriva me condujo a otro de los mercados de la ciudad, este puramente local. Los pasillos y los puestos se distribuyen a modo de zoco. Por esas galerías de carnes, especies, artesanía, joyas, juguetes y miles de artículos de todo tipo me introduje y acabé en un camino sin salida, que era el del gremio de peluqueras. Allí, un poco desorientado, uno de esos pintorescos Ladyboy (chico-chica, prefiero llamarlos yo) me llamó diciendo: Ey, Sam!! Sam!! Como no me llamo Sam ni tampoco me llaman esos rollos seguí mi paso y salí de aquel lugar.  Lo que ocupó mi día más tarde es intrascendente. Esperando recibir respuesta de alguno de los anfitriones que se ofrecieron a alojarme a través del couchsurfing tomé mi almuerzo conectado al wifi y sin otras nuevas volví a mi hotel de lujo para recoger mi bolsa y decirle a un tipo del tuk tuk que me llevase a otro lugar más modesto, el Happy Guesthouse un lugar concurrido y barato (5 USD) desde el que escribo estas líneas.

Hasta mañana 
MPdB

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