En este blog se ofrecen algunas experiencias personales y con amigos de diferentes viajes, tanto transoceánicos como de un solo día. Y es que para viajar no hay que sacar ningún billete de avión, a veces a 5 kilómetros de tu casa existen terrenos inexplorados que siempre guardarás en el recuerdo.

domingo, 22 de julio de 2012

Día 15. Karaoke bus, una maravillosa manera de viajar por Laos

Confesaba aquí hace unos días la tranquilidad con la que se viaja por este país y la poca importancia que  le llegaba a dar a la duración de esos trayectos.  Pues bien, reconozco que a pesar de mi buena predisposición para adaptarme a cualquiera de las circunstancias que se me presenten, ese buen talante no es infinito, y ayer casi llegué al umbral de la desesperación. A pesar de todo, ahora con la distancia que me dan las horas de descanso escribiendo estas líneas no me queda más que una carcajada silenciosa al ponerlo por escrito.

Menuda paliza de carretera. 20 horas entre tuk tuk y bus

Soltando amarres
Inocencia
Embarcadero de Kong Lo
Compañeros de aventuras. De izda a dcha Amir, Tim y Mario
Un experto guiándonos a ciegas por las grutas
Amir encontró una buena posición en la canoa
Pato se la jugó con la reflex
Guía de proa
El día empezó muy temprano para nosotros. A las 6.30 ya estábamos desayunando, era preciso madrugar para descubrir las cuevas de Kong Lo y poder tomar un transporte hacia el próximo destino. Esas grutas, recientemente descubiertas para el turismo, pues no se llevan explotando más de 15 años, constituyen una autentica galería de pasillos al puro estilo de una catedral de planta múltiple pero de dimensión descomunal. Así,  el recorrido en canoa  motorizada que duró casi una hora solo la ida (7,5 km) significó para mi, como supongo que para mis compañeros de bote (Amir y  Pato) otro viaje paralelo en el subconsciente, provocado por el asombro y perplejidad que expiraba esa maravilla natural. De vuelta al Guesthouse (hostal) tuvimos el tiempo justo de tomar una ducha, reponer fuerzas con un arroz frito -poca novedad en la dieta- y marcharnos en el primer tuk tuk de la mañana, que supuestamente habría de dejarnos en una cercana estación de autobuses para en otras cuatro horas más llegar a Pakse, desde donde abordaríamos las 4000 islas, último objetivo en mi visita a Laos.  Sin embargo, la realidad era muy diferente a lo por nosotros supuesto. Tomamos ese tuk tuk los cinco: Mario, Pato, Amir, Tim y yo, aunque los dos primeros se separarían del grupo en la primera parada para seguir con sus respectivas rutas a Vietnam y Vientián. Algunos compañeros van separándose, pero nuevos viajeros están por llegar.  Tras la primera hora de tuk tuk, continuamos subiendo a otro par más de estos vehiculos importados de La India. En el segundo estuvimos hasta otras dos horas y vendría un tercero de estos animados y pintorescos vehículos de 55 km de velocidad media.  Particularmente, nos encontramos con un episodio entre lo bochornoso y lo incomodo, pues en los tres transbordos coincidimos con una niña de unos trece años que al principio parecía muy simpática pero cuya amabilidad se fue mudando en provocación primero hacia mi, por largo rato y mas tarde hacia Tim, y lo que era peor con el consentimiento y hasta celebración de algún pasajero que con gestos hacia por emparejarnos. Por fin se acabó la carrera en tuk pero empezaba otra mucha peor. Sobre el papel y con mi bagaje ya por estos caminos, no era nada del otro mundo. 6 ó 7 horas en un autobús sin aire acondicionado de los de banquetas en el pasillo. Aceptado. 




















Antes de subir, nos preguntábamos con curiosidad -Tim, Amir y yo- Qué seria lo que portaban sobre el vehículo, pues además de una moto había otro gran bulto de las dimensiones de una camioneta pero que estaba tapado, más tarde lo descubriríamos, vaya que sí! Ya dentro, comienza el viaje y como siempre una pantalla encendida y a un volumen considerablemente alto ameniza a los pasajeros. La primera oferta de entretenimiento de Autobuses de Lao TV era algo así como un club de la comedia bastante esperpéntico, de esos con risas enlatadas. Pero lo peor estaba por llegar, Karaoke Lao, el best seller autobusero en este país. Al principio me hacia gracia y casi disfrutaba analizando las melodías, que no se por qué pero a pesar del estilo puramente asiatico sonaban a una mezcla de cumbia boliviana y reggaetton que me llamó mucho la atención, al principio, como decía. Y es que después de mas de 6 horas de esos ritmos martilleandote, porque además la variedad era de unas 3 canciones,  llegué a maldecirlo, pero creo que hasta el más versado chiringuitero terminaría por escuchar música clásica después de aquello. Aun así, lo mejor estaba por llegar. La vitamina para el sueño que me había dado mi madre para el avión aún seguía en mi bolsillo e hice uso de ella para evadirme por un rato de aquella odiosa melodía. Cuando desperté, afortunadamente la tele estaba apagada, aunque la música aún invadía mi discoteca interior. Sin embargo, a pesar de que habían pasado mas de dos horas sobre lo marcado aun no llegábamos. Las dos de la madrugada y el autocar paraba de nuevo para bajar aquella misteriosa carga, que bromeando habíamos llegado a identificar con un tuk, tuk. No, eran unos sacos como de sal, que empezaron a descargar durante casi 60 minutos a altas horas de la madrugada y que harían que finalmente llegásemos a las 4 a Pakse y teniendo aún que buscar alojamiento. Al bajar del autocar conocimos a una chica portuguesa de Coimbra que se unió a nuestra expedición en busca de acomodación. Más de 30 minutos buscando a pie una guesthouse mientras la actividad de la ciudad, sorprendentemente no se para. Decenas e incluso cientos de vecinos de Pakse se preparan para el mercado matutino ya a las 4 de la madrugada. Al final, encontramos un caro pero cómodo alojamiento (25 dólares). Eso sí, después de varios intentos de encontrar morada comunicándonos más con gestos que con palabras, pues aqui al sur es bastante difícil encontrar alguien que maneje el inglés. Hasta mañana Marco Polo de Bolsa

No hay comentarios:

Publicar un comentario