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| Vehículo habitual en la circunvalación de Phonm Penh |
Hoy, miércoles 26 de julio abandonamos Siem Reap. Nuestra idea era la de permanecer por algún tiempo más por aquí. Sin embargo, la corrupción que el turismo masivo e incoherente ha provocado en la ciudad hacen que todo el misticismo de sus templos se pierda rápidamente dando un paseo por sus calles, que en poco difieren de un Torremolinos de turno.
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| Área de servicio, camino de Phom Penh |
Bien temprano tomamos el bus con dirección a la capital, Phnom Penh. Para llegar hasta allí, nuevamente el suplicio en el que ya se están convirtiendo los autobuses. Aunque este trayecto no será tan dilatado como los últimos que he hecho va a resultar casi tan doloroso, pues nos colocan en la parte trasera del vehículo y las vibraciones que provocan los baches constantes te hacen sentir que has pagado la tarifa plana para subirte al canguro loco ese que ameniza las ferias de tantos pueblos en España. Para hacer más leve el suplicicio Nacho abre el repertorio de juegos de su HTC y nos entretenemos con el 4 en raya, trivial y el que sería la estrella, Tabú.
Pero antes de explicar cómo fue nuestra partida, he de introducir un nuevo personaje en mis crónicas, Laia, una chica de Barcelona que iba también en el bus e inmediatamente dedujo que éramos españoles. Pronto, conectamos con ella y al rato era una más en los equipos del juego de las palabras prohibidas.
La partida resultó muy divertida, pero no tuvo color. Las parejas con certeza desequilibradas, pues la conexion entre mi socio Nacho y yo no tenía parangón con la de Nuria y Laia, por mucho que hablen de la complicidad femenina.
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| Negocio fúnebre en una calle comercial |
Como muestra, esta reproducción literal de uno de los acertijos:
Palabra clave: farmacia
Mi explicación a Nacho: De guardia, pa comprar cósicas
Respuesta inmediata y correcta de Nacho.
Incredulidad absoluta de Laia.
Con esta energía llegamos por fin a la capital de Camboya y teníamos que decidir dónde hospedarnos. La siempre útil guía de Lonely Planet hablaba de una zona con mucho encanto a la orilla de un lago y en plena ciudad. Sonaba muy bien. Sin embargo, la charca había desaparecido. La especulación inmobiliaria que tanto conocemos no solo es Malaya, sino también camboyana, o más bien chino-coreana, pues un consorcio ha convertido el antiguo humedal en un descampado a la espera de construir allí una zona comercial y de edificios.
Con ello, la magia de alojarnos por allí desaparece por completo y decidimos buscarnos algo por otro sitio. Vuelta al centro y odisea por encontrar la mejor habitación calidad precio. Éxito discutible en nuestra batida, barato pero no muy bueno, el hotel Happy11, que eso sí tiene un bar en la azotea cuya música será la chasqueante nana con la que nos vayamos a la cama.
Hasta mañana
Marco Polo de Bolsa
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