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| Por los caminos de una isla |
Sin apenas tiempo para descansar a las 8 ya estaba en pie, pues a pesar del cansancio, la noche anterior había gestionado mi visita a las 4000 islas y el único servicio salía a las 8.15. Los australianos no tuvieron la misma fuerza de voluntad y se quedaron durmiendo. Sofía, la chica portuguesa, aunque lo dudó, finalmente también decidió unirse a la excursión. El viaje en una de esa ya tan familiares furgonetas turísticas dura casi dos horas. Llegamos a Ban Nakasang, una especie de puerto fluvial donde teníamos que tomar el bote para poner pie en uno de esos miles de islotes.
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| Primera vista de las islas |
Veinte minutos navegando por el Mekong y desembarco en una bucólica comunidad, poblados indígenas con cierto toque afrancesado, la presencia gala aún se intuye en el estilo de algunas casas. Además, otra de las atracciones de la isla era un antiguo puente construido por los colonizadores europeos para unir los dos islotes principales.
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| Paseos en bici |
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| ¡No te acerques al borde! |
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| Aquí estoy yo |
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| Una estética muy cercana a los Narcocorridos |
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| Castillo inchable, ¡qué recuerdos! |
Durante casi dos horas estuvimos recorriendo en bicicleta este espacio de tierra, disfrutando de la visión de una potente cascada, un templo budista y una playa de río, donde hicimos una parada para comprar agua y un tipo del lugar de repente se levanto y comenzó a balbucear algo en su lengua y nos persiguió durante casi doscientos metros, en una huida entre tensa y ridícula, pues aunque cada vez lo teníamos más lejos, el señor, cuya sala de maquinas creo que no funcionaba muy bien, persistía. Pero como decía, su parsimonia no fue como en las películas de miedo, en las que el asesino en serie esta cada vez más cerca de su víctima a pesar de que se mueva como uno cuando sale del mercadona cargado de bolsas. Así, quedo atrás y nosotros nos fuimos a comer a uno de los muchos restaurantes locales antes de tomar el bote de vuelta.
De nuevo, furgoneta y regreso al hotel.
Tras la cena, los aussies, que seguían muy cansados decidieron ir a dormir. Pero yo, apenas a las 21.30 no podía ir ya a la habitación y le comenté a Sofía de acercarnos a la cercana feria, cuya música se podía oír perfectamente desde el hotel, por cierto la misma que nos había amargado el trayecto del día anterior.
Aquel evento fue muy divertido, era una feria de muestras, con artículos curiososisimos propios de estas latitudes, como una especie de coletero con el que puedes diseñar en 10 segundos un original peinado asiático. Además, estuvimos en un puesto de música, como aquellos que inundaban hace una o dos décadas los mercados españoles haciendo sonar los hits de Georgie Dann, Camela, Manzanita o Chimo Bayo. El tipo de esta parada nos explicó algo más sobre las estrellas de la canción laosiana.
Por ultimo, estuvimos curioseando la comida del lugar, donde se vendían unas brochetas con forma de gatito, algo así como una hello kitty brocheta.
Con el sabor de ese risueño paseo, en el que se asombraban bastante más los visitantes locales por vernos a nosotros que nosotros por lo que aquello nos ofrecía, me fui bastante cansado a dormir y creo que en dos minutos ya estaba soñando, pero de mis sueños no hablaré hoy.
Quizá otro día.
Hasta mañana
MPdB
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