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| Un personaje a lo Truman Capote |
Esta mañana nos hemos levantado con el tiempo justo de desayunar y bajar al muelle. Allí esperaba ya nuestro barco, uno diferente al del día anteriorer. Este era un poco más pequeño y con algunos pasajeros diferentes.
Aunque el viaje sería algo más largo que el de la jornada precedente, resultaría pleno de experiencias.
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| Travesía de dos días por el río Mekong. Chiang Khong-Pak Beng-Luang Prabang |
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| Una estampa de otro tiempo |
Para empezar, mi sitio era mejor y más cómodo, tanto que a los pocos minutos de dejar Pak Beng ya estaba dormido. Tras esa siesta a destiempo, desperté y fui a ver qué se cocinaba por la parte posterior de la embarcación. Así, me instalé cómodamente en lo que venía a ser precisamente la cocina, la popa del bote, que, completamente abierta al exterior, ofrecía mejores vistas.
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| Lek y Soi me invitaron a compartir su cerveza |
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| Ugui deleitándonos con unas notas de folclore local |
Al poco rato, hicimos una pintoresca parada en la localidad ribereña de Udon Sai, donde pudimos contemplar una estampa costumbrista laosiana que permanecerá por mucho tiempo en mi recuerdo.
Además de esa visión, la aldea me ofreció la posibilidad de conocer a tres o cuatro de sus habitantes y asombrarme con su amabilidad.
Me ofrecieron cerveza y tabaco a los dos minutos de conocerlos y además me regalaron algunas bellas instantáneas que quedan para mi álbum. La coletilla preferida de Lek, uno de los laosianos era
Beerlao,la marca de cerveza que consumían, como celebrando sus excelencias. Además, me enseñaron a brindar en laosiano: Tam! mientras chocaban su vaso contra el mío.
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| A Bapthiste se le hizo corto el camino |
Con esa gran experiencia y alguna otra más llegué por fin a Luang Prabang, una ciudad preciosa que aún guarda una rica herencia como capital de la Antigua Indochina francesa.
Al bajar del bote, coincidí con un chico de Murcia, Mario, instalado en Singapur que también viajaba solo y que rápidamente se convirtió en uno más de nuestro cosmopolita grupo.
Instalados ya en esta bellísima ciudad, salimos a cenar, conversar un rato y volver bastante cansados, con la energía justa, después de la bonita pero sinuosa travesia por el Mekong, para escribir mis últimas impresiones sobre la jornada.
Hasta mañana,
MPdB
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