En este blog se ofrecen algunas experiencias personales y con amigos de diferentes viajes, tanto transoceánicos como de un solo día. Y es que para viajar no hay que sacar ningún billete de avión, a veces a 5 kilómetros de tu casa existen terrenos inexplorados que siempre guardarás en el recuerdo.

domingo, 29 de julio de 2012

Día 21. Los mercados de Phnom Penh

Mercado ruso de Phnom Penh
Hoy, viernes 27 de julio era un día para disfrutar de la ciudad pero de otro modo. Pasada ya la visita obligada a los lugares emblemáticos que aparecen en las postales para la jornada nos íbamos a regalar una noche en un cómodo hotel con piscina y una gran habitación con algunos lujos, entre ellos unas chanclas de abercrombie que me vinieron de perlas para ir a darme un chapuzón a la piscina. Antes, al dejar otro de los guesthouse que ocupan mi curriculum mochilae quisimos inventar buscando un sitio si cabe más original que el del día anterior.
Puesto de pescado. Mercado ruso
Pescado fresco. Al corte
Sin embargo, después de entrar en más de cuatro, nunca conseguíamos que nos sirvieran un desayuno a la medida. O no había café, o sí lo tenían pero no pan, o tenían ambas cosas pero solo les quedaba un huevo para los tres. Eso sí, con espíritu gremial siempre te resurgían hacia donde ellos creían que podían satisfacernos, sin miedo a fortalecer a la competencia.

Acabamos comiendo un bocata de tortilla y unos churros en el bar de la mañana anterior. Saltando a un pasado más reciente, y con la piel fresquita después de la zambullida en la pileta, como dicen los argentinos, era hora ya de negociar. Este es un arte que se practica a diario: para el alojamiento, para las excursiones, para los regalos ... Pero sobre todo para tomar el tuk tuk, y nosotros somos duros. Más de media hora andando y haciéndonos los tontos para que los conductores se dirigieran a nosotros y tener así el control de la negociación. Pero debía ser la hora de su siesta porque por una vez no nos hicieron ni caso. Finalmente tuvimos que dar el brazo a torcer y preguntar directamente: "Al mercado ruso por 1 dólar"/"No, no, no, no" nos pedían al menos uno por cabeza.

Nuestra insistencia tuvo recompensa, aunque cedimos en 50 céntimos por no perder más tiempo. Primero aceptó uno que no tenia ni idea y nos llevó en dirección opuesta, pues no entendía ni papa de inglés. Luego, un colega suyo le dijo la traducción en Jemer: Toul tum pung. A partir de entonces no hubo problema, aunque como decía tuvimos que cambiar porque aquel taxista aún no lo tenia claro por ese precio. Ya en el mercado ruso, aquello fue como un bautismo para nuestros sentidos, toda una serie de imágenes y estímulos nuevos nos rodeaban en aquel lugar, que a pesar de las recomendaciones de algunos blogs, se mantiene bastante al margen de invasiones de turistas.
Investigando frutas exóticas

Apenas 4 ó 5 pudimos ver paseando por allí. La disposición de los puestos, a modo de zoco marroquí, hacia que perdieras por completo la noción del espacio y los artículos y demás mercancías en venta ayudaban a que la dimensión temporal también fuese confusa, pues era como dar un salto al pasado, probablemente algo similar a lo que serían en España hace 40 ó 50 años, con pollos, patos, frutas de lo mas variado e incluso anguilas vivas, en medio de un caos en el que como te despistases te atropellaba una moto que se hacía paso entre el gentío. Una imagen parecida a esta perdura en mi memoria, de cuando tenía apenas 6 años y al lado de mi casa, en el bar de Pedro se celebraba cada semana el mercado de ganado.

Otra cosa que también despertó mi sorpresa, aunque había visto algo parecido en Marrakech, es como no solo en el mercado, sino por muchas zonas de la ciudad se reparten los barrios de manera profesional. El barrio de los artesanos, de los recauchutados de neumáticos, de los talleres, de los reparadores de aire acondicionado, de los joyeros... Otra referencia temporal que me recuerda el por qué de los nombres de muchas calles de ciudades españolas, por ejemplo Málaga con  Calle Carrererías, Esparteros, o el Perchel. Caía la noche en la ciudad y de nuevo tocaba negociar para volver al hotel. Esta vez no fuimos tan duros y nos plantamos en 2 dólares, que 30 céntimos de euro repartidos entre 3 bien valen el descanso que nos iba a dar no tener que seguir buscando un trato.
El Bustamante local. Mercado nocturno

Otra vez bañito en la piscina, acicalamiento posterior y de paseo a otro mercado, el nocturno, que solo abre los fines de semana. Al lado del ruso, no era mucho, pero aún así ofrecía un rato ameno y circunstancias curiosas, como el concierto o karaoke que amenizaba la plaza donde se disponía este gran bazar.
Entre ropas, discos, cuadros y otras artesanías se consumió la última noche de Nuria y Nacho en Phnom Penh y mi despedida momentánea de ellos.

Hasta mañana
MPdB

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